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Nos recibe en la entrada del castillo un elfo oscuro: Rahadin.
Dentro del castillo nos esperan Esher y Sasha: dos sirvientes que atenderán nuestras necesidades durante la cena. Vamos entrando cada uno a unos apartados en los que nos van acicalando.
Vladimir sale vestido con una ropa que lleva emblemas de pequeños dragones plateados.
Cyrus Belview es nuestro chef para esta noche. Es una criatura mezcla de varios animales. Varias criaturas invisibles nos sirven la comida.
Junto a Escher nos acompañan tres damas más, las consortes de Strahd: Ludmila, Volenta (la creativa) y Anastrasia.
El archimago Mordenkainen pasó por el castillo hace unos quince años. Y el año pasado una cuadrilla de aventureros (la de la familia de Elanor).
Cuando estamos acabando la cena aparece Strahd. Y nos propone el brindis que entendemos va condicionado a la propuesta que nos ha hecho en privado:
Urieth brinda con vino blanco. Ireena con vino tinto. Barek con cerveza. Um-Raqq derrama el vino. Elano y Vladimir no brindan.
Cuando Strahd entra en el valle con su padre aquí había gentes que adoraban o seguían a un gran dragón al que el propio Strahd cortó la cabeza.
Sasha deja una nota en el regazo de Vladimir: “No todos aquí son enemigos.”
Esher pide ayuda a Barek para mover unos barriles de cerveza de la cocina y allí ve a un aldeano Baroviano boca abajo desangrándose (la cena de Strahd).
El castillo fue diseñado por un Archimago (que luego se retiró a una torre al lado de un lado) hace 1400 años.
Según Strahd, Ireena porta el alma de la mujer que él amó.
Hace mucho tiempo, Strahd conquistó la región de Karaz (no tan duros como los de Delmor), un pueblo lleno de gente obsesionada con la posición y pivilegios. Los líderes de Karaz vivían siempre pendientes de los cuchillos traicioneros.
El antepasado de Vladimir era un Sargento de armas en la orden del Dragón, que por lo visto era sensato.
Strahd se ofrece en matrimonio a Ireena y nos pide que la convenzamos.
También nos pide que le entreguemos a “un delincuente racista” llamado Van Richten.
A Um-Raqq le regalan dos brazaletes de plata con el emblema del Dragón.
Broche de plata para Vladimir, con el que no se caerá nunca la capa.
Flautín de plata para Elanor, siempre estará afinado.
Colgante con una balanza para Barek (es un foco).
Pendientes sencillos de brillantes para Urieth que permiten comprender idiomas.